La participación de los ciudadanos es insustituible

La participación de los ciudadanos es insustituible

10 Abril 2011

Para lograr que quienes viven en Atacama sean parte del desarrollo y que no se conciba solo como cifras de inversión expresadas en millones de dólares, es indispensable que los ciudadanos de Atacama participen de las definiciones que se están tomando. Por Rodrigo Rojas, Rector UST Copiapó

Rodrigo Rojas Veas >
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Asistimos a tiempos en que el individualismo supera las nociones de comunidad. Cada vez más pareciera ser que el ser humano deja de lado el instinto gregario natural con que todos venimos al mundo debilitando los valores asociados a los conceptos de grupo y de organización tan necesarios para resolver problemas, atender necesidades y mejorar las condiciones en que vivimos en sociedad.

Pareciera que las respuestas hoy surgen fundamentalmente desde la esfera individual, desde lo utilitario. Se dice que hay una crisis de “participación” y fenómenos como la baja sindicalización de los trabajadores, la escasa presencia de organizaciones juveniles, la poca implicación en las juntas vecinales, la casi nula inscripción de los jóvenes en los registros electorales parecieran confirmar esta afirmación. Para otros la “crisis de participación” responde al agotamiento de los modelos tradicionales por lo que las personas buscan hoy otro tipo de expresiones vinculadas a temas de voluntariado, solidaridad y con una fuerte presencia de las llamadas redes sociales, capaces de convocar en tiempo real a miles de personas alrededor del mundo en temáticas de alto impacto global y local. Reclamamos como país que es necesaria la participación  de los ciudadanos pero creo que un problema central radica en que no compartimos lo que significa este concepto. Para mi participar es influir en las decisiones, es tener la oportunidad de ver reflejada en cualquier ámbito nuestra opinión, el verse considerado en cuestiones de interés público que tienen directa incidencia en nuestras vidas. Participar por tanto no se reduce a ser informado de lo que otros deciden, sino estar incluido en las resoluciones que se tomen a través de diversos mecanismos de consulta y de aplicacion. Esto, que parece tan obvio, resulta una cuestión esencial para consolidar nuestra democracia y nuestro sistema de convivencia. Si los ciudadanos se sienten alejados de las decisiones cada vez menos se sentirán llamados a comprometerse con lo que sucede en su entorno.

Hago esta reflexión puesto que desde hace bastante tiempo que hablamos del desarrollo de nuestra región, el que debería venir aparejado con la materialización de diversos proyectos que se espera se ejecuten. Esto aparece como algo muy positivo pues debería generar una serie de externalidades de impacto directo para las personas tales como el aumento de los puestos de trabajo en la zona, una mayor disponibilidad de recursos para las familias, un aumento del poder adquisitivo. En un contexto más global se esperaría que con este desarrollo crezcan las ciudades, se mejore el urbanismo, se atraigan nuevas inversiones inmobiliarias y por extensión nos hagamos más atractivos para que más profesionales lleguen a trabajar en servicios de salud, la educación, la recreación y la cultura.

Surgen entonces la pregunta ¿cuánto estamos participando los distintos actores regionales y locales es este gran trabajo? Lograr que esas enormes expectativas se transformen en mejor calidad de vida para quienes habitamos Atacama, en empleos de calidad, en mejores servicios de salud públicos y privados que dispongan de especialistas, en mejores resultados educacionales, en mejores ciudades, en más espacios públicos, en mayores y mejores servicios es también una responsabilidad de la comunidad, de sus líderes sociales, en definitiva de todos. Para lograr que quienes viven en esta región sean parte integrante e importante del desarrollo esperado y que este no se conciba solo como cifras de inversión expresadas en miles de millones de dólares, es indispensable e insustituible que los ciudadanos de Atacama participen de las definiciones que se están tomando, lo que requiere un compromiso con lo que sucede y no asistir como meros espectadores a un evento ajeno.

La milenaria filosofía japonesa, que hemos visto tan notablemente expresada en estos días de catástrofe en dicho país, pone como una de sus premisas el que el bien social es superior al bien individual y que nadie puede reclamar una solución para sí mismo si no está resuelto el problema general, lo que requiere implicarse colectivamente en la resolución de los problemas y ser activos en las tareas no esperando que otros vengan a entregar soluciones sino que construirlas en colaboración con otros. Aprender y vivir estos valores sin dudas nos convertirán en mejores ciudadanos y contribuirán a que hagamos de Atacama una mejor región.

FOTO: sergiofajardo