Historias sin confinamiento: Reencontrar al primer amor de adolescencia por Facebook no siempre es buena idea

Historias sin confinamiento: Reencontrar al primer amor de adolescencia por Facebook no siempre es buena idea

01 Julio 2020

Como siempre en el circuito escolar hay un chiquillo bonito, popular y galán. Todas lo querían, pero pocas eran las afortunadas. 

Claudia Piñones >
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Como que en 8vo básico, en plena adolescencia ya se especulaba acerca de romances en mi curso del colegio. Yo estaba un poco apartada de la temática debido a que, la verdad es que yo contaba con algunas “excentricidades” para la época, canillas flacas, cuello largo y par de crecimientos belludos mal ubicados, así que no era muy buena candidata para optar a alguna relación hasta que regularizar a “mis detalles”.

Pero la que supo del amor y sus sacrificios a temprana edad fue la Jani. Como siempre en el circuito escolar hay un chiquillo bonito, popular y galán. Todas lo querían, pero pocas eran las afortunadas. El “Luchito” tenía cejas gruesas y ojos caídos, labios gruesos, estatura baja, siempre sonreía, y tenía un andar muy masculino cuando se paseaba por el patio del colegio. Él se sabía “mino”.

La Jani también era media “excéntrica” para la época, y lo que más destacaba en ella para este caso, era que estaba como a una cabeza de altura de más del sujeto en cuestión; sin embargo, si lograba concretar esta aventura, podríamos decir que era su primera transacción amorosa.

Como de chica fue decidida, se armó de valor e inició su primer plan de conquista. Tenía un plus: compartía la ruta del furgón escolar con el “Luchito”, por lo que, entre tanta vuelta y vuelta, era obvio que se iba a interesar en él.

Sus primeros pasos en la conquista fue coordinar subirse justo detrás de él y sentarse siempre a su lado. Ella insistía en conversar, pero él no la pescaba mucho. Además, le hacía preguntas obvias, “¿cómo te llamai?” o “¿dónde viví?”, preguntas que no llegaban a puerto. Así que empezamos a diseñar un mini cuestionario, que tampoco dio mucho resultado, pero al menos ya él sabía de la existencia de mi socia.

Así, poco a poco me fui quedando más sola en el furgón, porque la Jani siempre conversará o no, se iba atrás con el “Luchito”.

No conformes con nuestro cuestionario, teníamos una “informante” en el curso de él y le pedimos que nos fuera dando pistas de sus pasos, nos decía cuando él tenía que quedarse de semanero, así que ahí la Jani y yo como su chaperona, hacíamos el doble turno de aseadoras de la sala. Sólo para vivir aquel instante junto a él, cuando iba a votar la basura al contenedor o sacudir el borrador a la palmera. Estamos hablando de esos tiempos, cuando la pizarra era de tiza.

El “Luchito” era basquetbolista y todo lo que implicaba deporte era por la tarde, yo siempre chaaata del colegio, no encontraba la hora de irme a mi casa o a la plaza a jugar taca taca, pero la Jani insistió que nos inscribiéramos en básquetbol, yo no duré mucho, pues me esguince, en menos de dos semanas el dedo índice y el pulgar de la misma mano, más un moretón en el muslo que pasó por toda la gama de “verdesazulinos” y me duró un mes. Por lo tanto, mi mamá muy drástica, me obligó a retirarme, definitivamente no tenía futuro, de lo contrario quizás hoy no estaría escribiendo esto. Pero seguí asistiendo de espectadora. La Jani le ponía empeño, la ayudaba harto su altura, pero no se salvó de varias caídas y pelotazos en la cara. Eso no importaba, pues ahora en la infinidad de vueltas que daba el furgón escolar por la ciudad, ahora tenía un tema más para conversar con el “Luchito”.

También nos inscribimos al almuerzo escolar, porque el “Luchito” asistía, yo ahí sí que sufrí, más que la Jani, porque en la mañana íbamos por esa leche “natosa” que la servían en un jarrito azul y esos galletones duros. Y al almuerzo estaba el mismo vaso azul modisqueado con jugo, que realmente no era de mi agrado. Y la verdad es que la comida no era muy buena y era poca, porque al menos yo, quedaba con hambre. Pero la Jani justo aprovechó la oportunidad de ponerse a dieta. Así que, se comía la ensaladita y listo. Después en las tardes moría de hambre. Pero no era tema, pues ahora su compañero de almuerzos era el “Luchito”. Y repartía su porción con él, que ni tonto ni perezoso siempre aceptaba.

Así, entre tanta "coincidencia" el “Luchito” fue viendo en ella razones para establecer una relación de amistad con “cover”. Y un día la invitó al cumpleaños de su prima, la Jani felizmente aceptó. Fue con su mejor pinta, en ese tiempo se llevaba el flúor style y ahí estaba ella con su jardinera anaranjada, polera amarilla y converse negras. Fue entonces donde se concretó el amor, con un dulce beso mientras bailaban “dame luz”, de Nicole.

El lunes en el colegio, la Jani caminaba sobre algodones de azúcar, enamoradísima, su único tema era el “Luchito”. Se juntaban en los recreos, compartían colaciones, se reían, jugaban básquetbol y luego se iban juntos en el furgón. Yo ya a esa altura los contemplaba de lejos. La Jani ya no me necesitaba y yo feliz porque almorzaba la comida de mi casa.

Pasaron dos semanas de romance, pero un día la Jani se tuvo que despedir de ese amor, pues había otra chiquilla con más empeño que se había puesto en el camino. Otra sacrificada y guerrera del amor. Y claro, le ganó a la Jani. Destrozada mi socia sufrió casi un mes por la ruptura. Y a ese capítulo lo llamamos su primer amor. Pucha que lo lloró.

Pasó el tiempo, los años y se abrió la red social Facebook y un día buscó a el “Luchito”. Y como donde pone el ojo pone la bala, lo encontró. Se notaba cambiado, igual de mino, pero un “poco/harto” fan del Colo Colo. Sus fotos todas eran en posturas, así como “abacanadas” y cargaba harto “bling bling”. A mí, la verdad es que no me tincó para nada, pero la Jani saltaba en una pata, podría ser ésta su segunda oportunidad. Lo agregó y empezaron a chatear.

Él dijo que vivía en Canadá, que se dedicaba a hacer alianzas, y que quería devolverse a la ciudad. La Jani se llevó semanas y semanas hablando con él, hicieron planes de verse, ambos estaban solteros. La Jani estaba en la universidad y como es de aperrada prometió eximirse de todo para tener más tiempo y verse. Él decía que su venida de Canadá quizás no durará tanto tiempo, era muy probable que se devolviera pronto, pues lo necesitarían sus “jefes”.

La Jani tenía armado los panoramas para la cuando llegara ese momento. Ella empezó a ayudarlo para que comprara el pasaje de regreso, todas las semanas le depositaba, y se puso a trabajar en la cafetería de la U en sus ratos libres. A el “Luchito” le faltaba menos para juntar la plata para el pasaje y yo buena amiga también me puse a trabajar para contribuir con la causa. Pasaron meses y ya estaba chata entre la U y la pega así que aborté misión. Mi socia estaba en las mismas condiciones, pero siguió. Un día me puse a “sapear” el Facebook y caché que había muchos “Luchitos” en la red social. Y quizás estábamos hablando con el equivocado. Pero no, era el verdadero. No sé, a mí ya me parecía raro hasta que un día descubrimos que él no vivía en Canadá realmente, había mentido.

Pues esa Canadá, era como le llamaban a la “cana” en la jerga presidiaria. Sí, el “Luchito” estaba preso hace dos años por tráfico de drogas y estafas varias, pero por buen comportamiento lo iban a “soltar”. ¿La Jani? se quiso morir, no tuvo ni cara para enfrentarlo, pues ella y su impulsividad nuevamente le habían pasado una mala jugada.

Se cegó en una cara bonita y cautivadoras palabras, pero no vio más allá. Y ahí quedó, llorando un par de días, cansada y con un semestre universitario a medio morir. Pero bueno, lo vivió, lo soñó y lo gozó. Hasta que volvió a revivir como el ave fénix, y claro lo bloqueó.