Experimentate en tus analogías y te encontrarás

Experimentate en tus analogías y te encontrarás

05 Junio 2011

La tarea de nuestra vida terrenal consiste en quitar la parte que se ha apartado de Dios, nuestra basura, para poder volver a vivir en el Santísimo.

Juan Lama Ortega >
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Analogía es una culpa del alma no purificada y que se vuelve activa cuando descubrimos en nuestros semejantes algo igual o parecido a lo que hay en nosotros. Para eso, nuestro prójimo hace de espejo cuando nuestras emociones nos alteran. Es como ver la paja en el ojo ajeno.

El incansable ego, que en todas sus manifestaciones grita “Yo, Yo, Yo, siempre todo para mí”, nos crea nuestro mundo, el mundo de nuestros programas que pueden  llegar a tener repercusiones muy serias para nosotros. En medio de nuestra red de comunicaciones nos agazapamos como una araña esperando una presa, y seguimos tejiendo más hilos y no vemos más allá del limitado horizonte de nuestra telaraña.  A partir de nuestra consciencia, somos el que es sólo hombre, atrapado en sus programas, prisionero en su propia red, atado a todas aquellas personas que atrapó con sus hilos de proyecciones, y sin embargo se encuentra en lo más profundo de sí mismo sin sosiego e insatisfecho. En toda persona está el ser espiritual, el alma. Esta no es de este mundo, sino que ha venido al mundo para purificar como ser humano lo pecaminoso que lleva consigo. Sea como alma o como ser humano, en algún momento cada uno de nosotros, en muchos casos a través de sufrimientos y enfermedades o por un golpe del destino, llegará a los límites de su forma de pensar y se verá confrontado con la pregunta de qué sentido tiene la existencia terrenal para la vida como alma en los mundos del Más Allá. En algún momento llegará la hora en la que reflexionaremos sobre la muerte y sobre todo aquello que hay después de ésta. Por miedo ante lo insondable, muchos rechazan los pensamientos sobre la muerte y sobre todo aquello que hay detrás de ésta. Otros por su parte defienden su opinión de que la muerte es el fin de todo. Otros se preguntan por su parte: “¿Y qué sucederá si después de la muerte la vida realmente continúa?”. O la persona empieza a investigar “¿En esto ha consistido toda mi vida?”.

La tarea de nuestra vida terrenal consiste en quitar la parte que se ha apartado de Dios, nuestra basura, para poder volver a vivir en el Santísimo.

Reconoce tus faltas, lo que separa, y lo que no es divino. Experiméntate a ti mismo en tus analogías cuando por ejemplo en ti irrumpen enfado, ira o rebelión. Reconócete a ti mismo cuando se contraigan tus nervios y tú te conviertes por así decir en un arco tensado, en el arco de la voluntad y del apremio humano inferior, en el que ya se encuentra la flecha de tus analogías, que ya apunta a tu prójimo para inyectar en él el veneno de tus faltas, para en cierto modo programarlo. Porque el veneno de esta flecha puede hacer que tú te quedes atado por encarnaciones a ése, tu prójimo.

A través de la purificación de nuestros pecados, con la ayuda de Cristo nos transformamos de pecadores en bienaventurados. Nuestros sentidos se vuelven más nobles y finos, y nuestra alma pura. Logramos conseguir respeto por nuestros semejantes y por los reinos de la naturaleza. Comenzamos a valorar a  Dios, la vida en nosotros, y paulatinamente nos convertimos en los que buscan y desentierran el tesoro de lo divino en sí mismos. Entonces experimentaremos que Dios está en nosotros y que nosotros estamos en Dios, porque somos hijos e hijas del Eterno.

Extracto del libro Yo, yo, yo, la araña en la telaraña

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Juan Lama Ortega

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