Cambio sistémico

Cambio sistémico

05 Octubre 2020

Es obvio entender el cambio constitucional como una buena oportunidad, y debiera serlo, pero nadie con gran audiencia que apoya este cambio habla en estos términos, sino todo lo contrario, quieren más, más centralización, quieren más de lo que ya hay. 

Martín Icazategui >
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Cada vez que se acercan elecciones de algún tipo veo más clara la obsolescencia de la democracia y su manera anticuada de ser, su mecanismo de enfrentarnos y debatir que pone en nuestras vidas, y que generalmente no tienen muchos desenlaces positivos o trascendentes, más que perturbar nuestro estado anímico o de entregarle la razón a algunas de las típicas doctrinas. Se han vuelto expertos en provocar peleas e inestabilidad social.

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¿Por qué los políticos usan tanto está estructura? lucran de ella con impunidad, y creemos que el enemigo es nuestro vecino, así este sistema se libra de culpa, y el engaño -y victoria- es universal. Al tiempo le importamos poco y debiese estar más que claro.

Entonces, ¿por qué es tan importante todo esto? ¿no parece raro que de todas las personas que habitamos esta inusual piedra flotante, terminemos en algún momento, de cierta manera, “vitrineando” por dos tipos que nos “representan” para mejorar alguna falla ideológica que tiene el otro tipo? Es una forma un poco obsoleta de coexistir, no lo veo como la mejor forma de gobernar, ¿cómo es posible que hayamos avanzado tanto en cosas como la tecnología, etc. y aún aceptemos tan fácilmente métodos e ideas que tienen cientos de años de antigüedad? ¿no es esto evidencia de que estos mecanismos están posiblemente diseñados para sobrevivir cualquier tipo de cambio radical? ¿no sería al menos coherente actualizar un poco las cosas? ¿actualizar estas formas colectivistas que por la fuerza nos involucran a todos?, es más, quizás la democracia es lo máximo que nuestra capacidad mental histórica puede crear, pero esto no justifica su mal uso.

La amplia división en el discurso últimamente ha comenzado a ridiculizar la protesta y los debates, y no es ajeno a su naturaleza histórica de guerras y revoluciones, que son el contenido de la democracia, son la imagen, una imagen bastante tediosa, confrontacionista y destructiva. Siempre es el poder o quien tiene la razón o quien es más popular, los votos, las firmas, encuestas, no sé. Somos mejores que esto, o podemos serlo, podemos lograr una convivencia más sofisticada. El poder centralizado ya no sirve a la diversidad, a las diferencias, al individuo y su singularidad, a la paz constante, a la infinidad de percepciones. Terminemos con esta ridiculez.

El cambio de constitución bajo las reglas impuestas por los mismos políticos pareciera ser más de lo mismo y no un real cambio, como se promete. Tiene, en realidad, tintes de renovar la hegemonía y predominancia que han perdido sobre la gente, más que un cambio significativo del contenido de la constitución, de sus formas y atribuciones, y con eso reafirmar sus privilegios sobre las leyes y creación de estas. Por lo tanto, para poder subsistir y combatir su decadencia institucional nos proponen, bajo sus propias reglas (no olvidar la importancia de esto para ellos), este cambio constituyente.

Es obvio entender el cambio constitucional como una buena oportunidad, y debiera serlo, pero nadie con gran audiencia que apoya este cambio habla en estos términos, sino todo lo contrario, quieren más, más centralización, quieren más de lo que ya hay. Dicen que se va a renovar la política, pero están agregando otro congreso, ósea están duplicando el tamaño del debate, y del gasto, dividiendo aún más las opiniones hasta que nos atragantemos hablando de lo que ellos quieren hablar, reafirmando su victoria.

¿Por qué si tú piensas distinto y te manifiestas por tus ideas, tengo yo que ser parte de las consecuencias, sean cuales sean, buenas o malas? No me parece lógico querer igualar los vectores o esfuerzos humanos bajo un emblema ideológico. Si quieres hacer, hazlo tú, mejórate tú o a los demás, o lo que sea, pero no es necesario que colectivices tu experiencia.

Avanzar en la métrica y mecanismos de ellos (los políticos), en nombre de algún tema contingente, nos involucra aún más en la batalla, y de esta forma el sistema político se defiende a sí mismo, todo el tiempo. Por lo tanto, su tema es empoderar sus metodologías, que nos afecten lo más posible, día a día, y así mantenernos preocupados, involucrados, enfrentándonos, discutiendo y hablando de cada movimiento que ejecutan. Es sin duda el peor trabajo, o por lo menos está en un mal momento.

Nuestro sistema gubernamental debería basarse en simples cosas, no en el enfrentamiento, sino más por lo que hacemos, y la posibilidad de hacerlo, no a la representación a través de unos pocos, que no es más que la resistencia del déspota.

Debiéramos caminar hacia la compasión y el respeto, no hacia la radicalización y fanatismos que se ven promovidos por estos debates. A la libertad de acción, expresión y de trabajar, a conservar los ingresos o al menos de tener capacidad de elección y de cómo utilizarlos. Y podría desvelarme defendiendo al individuo, pero la historia dejó claro, con suficientes tumbas, que el colectivismo en contra de la persona siempre fue un fracaso.

Nada de lo que existe en el ente público inspira cambios en esta dirección, todo se basa en el control de masas, esa es su gran riqueza, y nosotros subimos la montaña eterna, con recuerdos del fracaso de unos y victorias de otros bajo una métrica senil dualista y simplista, la izquierda, la derecha. Y con el recuerdo insistente de la gravedad que nos empuja a repetir lo mismo para solucionar el mismo problema, la misma historia y sufrirla para que ellos disfruten sus discusiones filosóficas y formas de gobernar por un par de años más y retirarse en el paraíso del consumo cenando todas las noches con un copete bueno. Parecieran dos planetas.

Hay que considerar un cambio radical, la descentralización total, la reducción histórica del Estado, la menor incidencia posible en la vida de nosotros y sofisticar la defensa que se le entrega al ciudadano ante el poderoso consumidor, el déspota, de la intromisión constante del debate insano y radical. Solo necesitamos eso, un poco de defensas para los que no se pueden defender solos ante las hostilidades de la naturaleza, de los sucesos aleatorios y de nuestros pares autodestructivos. Y finalmente disfrutar el presente, las bondades de la naturaleza, de la experiencia humana, trabajar, amar, etc. entregar la mejor versión de uno a cada persona y a cada ser vivo que se cruce contigo.

Tenemos que volver a despertar.