El Desastre de Cerro Grande (I): Hombres que nos legaron libertad de conciencia

29 Abril 2011

Esta batalla midió fuerzas entre el gobierno y las provincias que se levantaron para defender sus derechos, mostrar al resto del país que podían llegar hasta las últimas consecuencias; para hacer de Copiapó y Atacama una región progresista.

Nélida Baros >
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Camina la mañana vestida de niebla

el silencio esparce flores  blancas

en  Cerro Grande.

El otoño corona  a los constituyentes

con su resplandor mineral.

Sus voces  desgranan la espiga del día

el fuego consume el corazón.

En la tierra arrugada y temblorosa

balas y gemidos ahuyentan las aves.

Flamea en el espacio del honor

el azul de su bandera con un relámpago.

La muerte cae como una sombra y

los heroicos soldados con sus medallas

de valor y grandeza

quedan prisioneros del perfume de la tierra.

La semilla germina  en nuevas auroras

la esperanza teje su manto a la luz

de la luna

las campanas tañen su canto

en la muchedumbre.

Vuelve a flamear la bandera

y  el sueño más dulce que las uvas

de hacer una Atacama libre y grande.

El 29 de abril de 1859  se encontraron dos ejércitos dispuestos al combate en la meseta de Peñuelas. El ejército de Gallo contaba con 2 mil hombres llegados desde Copiapó al campamento en la Serena, la mitad de ellos tenían armamento de buena calidad, el resto estaba  armado con  espadas, lanzas y puñales.

Vidaurre, no mostró ninguna táctica, por los comentarios que hizo el coronel Jorge Word A., de las tropas del Gobierno  sobre la acción en la batalla.

“Llegar y pelear fue todo lo que hizo Vidaurre; ninguna operación táctica ejecutó, y don Pedro León Gallo mostró ese día tener la intuición  de los combates  que en absoluto le faltó al general Vidaurre ese día y a Silva Chávez en los Loros. El soldado veterano tiene siempre  una indisputable  ventaja sobre el soldado improvisado para una guerra; sin esta ventaja de nuestra parte, creo que Gallo pudo alcanzar una segunda victoria  en Cerro Grande.”

La traición que se inició con algunos episodios antes de la batalla y el ejército numeroso y con armamentos adecuados que pertenecían al gobierno terminaron ahogando al ejército de Gallo, perecieron en la lucha  Manuel María Aldunate; Guillermo Parker; Quirico Romero; Samuel Claro y el gran poeta de la revolución Constituyente Ramón Arancibía, autor del Himno Constituyente.

Los  oficiales de Gallo acusados como traidores; Salvador Urrutia, Victoriano Martínez y el mayor José Vallejo. En el domicilio de Martínez se fabricaron los cartuchos que tenían tierra en vez de pólvora. Urrutia y vallejo quedaron presos con una barra de grillos, por disposición de Gallo; y como habían traicionado al gobierno, el consejo de Guerra los condenó a muerte y fueron fusilados en Coquimbo el 20 de diciembre de 1859 en el recinto del cuartel de policía.

El ejercito de Gallo se replegó a la plaza de La Serena, Zapata, Carvallo, Matta; Saavedra, Marconi; Aguilera, Carneiro; Salcedo, Vergara, Ignacio y Antonio Alfonso, Fuenzalida, Larraín, Larrahona y otros, querían continuar reorganizándose para dar batalla, pero Gallo se opuso.

Vidaurre no persiguió a los vencidos , quienes organizadamente emprendieron la retirada hacia la cordillera, más de setecientos hombres junto a Gallo depusieron las armas y se presentaron ante las autoridades de la provincia de San Juan y el resto  de los  soldados  se resguardaron en las faenas mineras e industriales  de Condoriaco, Elqui, y Arqueros.

Desde Mendoza don Pedro León Gallo con algunos compañeros de armas se trasladó a Buenos Aires  y pronto a Estados Unidos. Su exilio lo dedicó al estudio y observación de los países europeos.

El 4 de mayo se conoció la noticia del desastre de Cerro Grande en Copiapó.

Esta batalla de Cerro Grande, midió fuerzas entre el gobierno y las provincias que se levantaron para defender sus derechos, mostrar al resto del país que podían llegar hasta las últimas consecuencias, dispuestos a entregar sus vidas por obtener libertades económicas y sociales.

La batalla dejó huellas, hogares disociados, viudas, enfermos, heridos y exiliados, pero todos con esa disposición y capacidad de entrega que muestran el coraje de los hombres que habitaban esta tierra generosa en el siglo XIX y que nos legaron libertad de conciencia, educación, y leyes, posponiendo sus propios intereses para hacer de Copiapó y Atacama una región progresista.

Continuará la 2ª parte.

Textos consultados: Descubrimiento de Chañarcillo, Roberto Hernández; Revolución Constituyente de Pedro Pablo Figueroa

Poema: creación de Nélida Baros Fritis.

Foto: www.flickr.com/photos/juanpablobravo

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