Opinión: Brasil 2014, post mórtem

Ni él ni los argentinos podían creerlo: ‘Lío’ no fue ni la sombra de Maradona en la finales del 90 y el 86.   

Imagen de Jorge Sánchez de N
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27 de Julio, 2014 09:07
Agencia Cool & Art

En una fracción de segundo, Dilma le pasa la copa al capitán de Alemania, como queriendo deshacerse de ella antes de aparecer en la foto. Él la levanta y el papelito picado pone fin a la historia de un Mundial que será más recordado por sus papelones y anécdotas. Minutos antes, Messi había recibido el Balón de Oro con el que la FIFA distingue al mejor jugador del campeonato. En la premiación, el rosarino, al igual que la presidenta de Brasil, casi no miró a las cámaras. Ni él ni los argentinos podían creerlo: ‘Lío’ no fue ni la sombra de Maradona en la finales del 90 y el 86.   

La tómbola y el desastre   

Ya era raro que Argentina llegara a disputar la final. El de Brasil 2014 fue un evento sorpresivo desde el momento en que se sortearon los grupos. La ‘albiceleste’ fue ‘emparejada’ con Bosnia, Nigeria e Irán; en octavos jugó contra Suiza y en cuartos con Bélgica, hasta que, por fin, en su penúltimo partido se le apareció un gigante. Otras selecciones, como Colombia o la mismísima Bélgica, corrieron similar suerte.

Por la vereda contraria, algunos representativos la tuvieron difícil desde un principio. México y Chile, por ejemplo, enfrentaron ‘grupos de la muerte’ y unos octavos dignos de semifinales. Pero claro, en el ‘Mundial de las Sorpresas’ no hubo dios ni ley. En la primera fase, España perdió goleada por Holanda (5 a 1), y la ‘roja’ chilena le ganó por 2 a 0, quedando eliminada en su segundo ‘round’. Para colmo, un rayo impactó sobre el avión de la madre patria en su regreso a Madrid.

El 4 a 0 entre Alemania y Portugal también fue un balde de agua fría. Lo que nadie pronosticó es que Costa Rica alcanzaría los cuartos, perdiendo por penales ante la ‘Naranja mecánica’ de Robben y ‘Lucho’ Van Gaal. Paradójicamente, nadie apostó una libra porque Inglaterra e Italia quedaran nocaut en su tercer combate. Otros cristianos debieron darse con una piedra en el pecho al ver que Argelia forzaba el alargue contra la siempre poderosa ‘Deutschland’.

Otra grata revelación fue el ‘cafetero’ James Rodríguez, que –‘echao pa’ lante’– se alzó como máximo goleador del torneo habiendo disputado solo cinco partidos.

Mención aparte merece el llamado ‘Mineirazo’: cuando todo el mundo pudo ver en vivo y en directo la humillación más grande que le hayan propinado nunca a una selección brasileña. Corría el minuto 30 y sus jugadores solo atinaban a colgarse del arco, con los ojos desorbitados y las mandíbulas desencajadas ante los embates de “Miular”, “Cros”, “Shuainstaiger”, los hermanos Grimm y la sinfónica de Berlín. El ‘scratch’ perdía 5 a 0, inapelablemente y en su propia casa. La ‘caxirolas’ se convirtieron en pañuelos y la hinchada comenzó a retirarse del estadio gritando “ole” a favor del rival.  

Al cabo de esa fatídica hora y media, los anfitriones cayeron derrotados por 7 a 1. El desastre de Belo Horizonte fue comparado al Maracanazo de 1950, en Río de Janeiro y a manos de Uruguay.            

“Una manga de viejos hijos de p…”

Fue precisamente Uruguay la selección que protagonizó uno de los mayores escándalos. Después de su ‘apretón’ contra Italia, la televisión difundió el momento justo en que Luis el ‘Vampiro’ Suárez le dio un mordisco a un defensa contrario. El ataque fue premeditado y los dientes del delantero charrúa quedaron grabados en el hombro de la víctima y en la memoria colectiva. La FIFA le impuso un severo castigo. Mujica, el presidente uruguayo, se puso la camiseta y calificó a los mandamases de este organismo como “una manga de viejos hijos de p…”.

Otro que la pasó mal se llama Edinho y  es hijo de Pelé: en la antesala del ‘Mineirazo’, la prensa informó que el ex arquero había sido apresado por sus conexiones con el narco. A Fred, su compatriota, no le fue mucho mejor: casi no metió goles y fue catalogado como el peor ‘centrodelantero’ en la historia de Brasil. Salió reemplazado contra Alemania, abucheado, muerto en vida.  

A propósito, esta edición de la Copa del Mundo se vistió de negro. Tanto así que podríamos dedicarle un obituario a Alfredo Di Stefano; a Ibrahim, el menor de los hermanos Touré (seleccionados marfileños); al abuelo de Marcelo, lateral brasileño; a María Soledad, la joven hija de ‘Tití’ Fernández, reconocido periodista de la cadena Fox Sports; a Luis ‘Topo’ López, colega de ‘Tití’; y a varios que fallecieron entre el 12 de junio y el 13 de julio de este 2014, por diversos motivos y circunstancias. Felizmente, Neymar solo sufrió una fractura de vértebra.

Los más

No todo fue tan triste, claro: en Brasil también se rompieron varias marcas deportivas. Se registró la mayor goleada en una semifinal de la Copa del Mundo (7 a 1); el alemán Klose se convirtió en el máximo goleador en la historia de los mundiales, con 16 ‘conquistas’; Faryd Mondragón, arquero suplente de Colombia, se transformó en el más veterano, al jugar cinco minutos con 43 años y tres días en el cuerpo; Kros, otro germano, anotó el doblete más rápido (dos goles en 69 segundos, precisamente contra Brasil). De paso, los pentacampeones fueros los dueños de casa más goleados desde 1930, mientras Alemania logró ser el primer equipo europeo en coronarse campeón en el continente americano.                                      

La protesta social no fue impedimento para que miles de locales y extranjeros timbraran sus entradas: luego de EE.UU. 94, este fue el segundo Mundial con mayor asistencia de público. En goles marcados durante el torneo, empató a Francia 98 en el primer lugar (171), con lo que aportó considerablemente al espectáculo. Del guante con ello, los ‘guardametas’ también se lucieron, tapando la pelota con las manos, la guata, el pecho, los muslos, las rodillas, la boca, los ojos y las patas. ¡Bravo!

Pasando por alto el chovinismo, la entonación de los himnos nacionales nos entregó una muestra de lo ‘identitarios’ y representativos que resultan los equipos para sus respectivos países. En el caso de Chile, la hinchada desgarró sus pulmones cantando incluso después de la interpretación oficial. Esta conducta, patriota o fanática, según se quiera ver, comenzó a ser imitada por otras barras.

Pero también es cierto que el Mundial 2014 no fue impedimento para que la protesta social siguiera escuchándose. Sepultado este vigésimo aniversario del fútbol, la desigualdad y la pobreza seguirán contrastando con los estadios de última generación y con la canción La, la, la que Shakira compuso. El show debe continuar, en las calles.       

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