"Te voy a ocupar, acuéstate"

El hombre, era el jefe de hogar, el quien entregaba  el sustento, tenía la fuerza y eso le daba derechos. Y esos derechos, los exigía a la hembra que él escogía para aquello.

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17 de Julio, 2012 07:07
¿Hemos cambiado en algo al relacionarnos en pareja ?

Eso le ordenaba a su esposa, hace unos 50 años atrás, un abuelito que conozco y que hoy tiene poco más de 85 años de edad. Su mujer, una talquina sumisa como muchas otras chilenas de aquella época, se metía a la cama y cerrando sus ojos, mecánicamente cumplía con todo lo que se le ordenaba. Su marido partiría al día siguiente a las minas del norte, y se quedaría como siempre un par de meses sola. Bueno, no tan sola. Eran los meses en que la mujer disfrutaba la compañía de María, su amante y esposa de otro minero.

La infidelidad no irrumpió en Chile hace 8 años atrás, cuando se legalizó el divorcio. El divorcio sólo transparentó lo que a todas luces es una costumbre chilena que data de varios siglos. Engañar a la esposa o al marido ha sido desde siempre parte de nuestra idiosincrasia. Es parte de nuestro ADN. Y los homosexuales y lesbianas tampoco aparecieron en nuestro país de un día para otro. Siempre han estado, aunque hace apenas una década se están atreviendo cada vez más a mostrarse en público. A perder el temor al "qué dirán" , a ser discriminados.

"Acuéstate, te voy a ocupar". Así de brutos y machistas eran nuestros abuelos. El sexo era una necesidad del hombre y la mujer debía cumplir, calladita, su rol de satisfacer al macho en lo que le pidiese y cuando se le ocurriese.

El jefe de hogar era el sustento, tenía la fuerza y eso le daba derechos. Y esos derechos, los exigía a la hembra que él escogía para aquello.

Desde aquellos tiempos, ¿hemos cambiado en algo al relacionarnos en pareja ?

En la forma, tal vez. Las cosas quizás se dicen de otra manera.

Pero en el fondo, seguimos siendo los mismos de hace 50, 100 ó 200 años atrás. Se cometen las mismas faltas de lealtad y lo que pueda o no sentir la pareja al uno encamarse con otra mujer u hombre, poco importa. Como tampoco nunca le importó lo que sentía o no su esposa a aquel abuelito que "ocupaba" ese cuerpo femenino para satisfacer sus bajos instintos.

Así es que para conocimiento de los ingenuos que todavía se espantan con tantos quiebres matrimoniales por culpa de mujeres y hombres infieles, yo me atrevería a afirmar que era previsible. Una de las ventajas más importantes de haber incorporado el divorcio en nuestra legislación, es que nos permitió desnudar al chileno, su lado oculto, revelar sus pecados en la intimidad, el verdadero "yo" de nuestro pueblo. Sí, sin duda somos solidarios, amistosos, luchadores, pero también hay muchos, tal vez demasiados, que se comportan como animales en sus relaciones de pareja. Abundan los infieles y lamentablemente también los agresores domésticos. Y se multiplican muy rápido.

Pero la gran diferencia es que hoy le podemos decir "¡basta!"  a cualquiera de esos salvajes, romper el vínculo matrimonial y mandarlo a la punta del cerro. Ayer era imposible. Ha sido un inmenso logro legal.

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