La U campeón: El inolvidable sueño azul del "Romántico Viajero"

El “Romántico Viajero” sale a disputar su primera final internacional. Sale a romper su larga historia, su historia más hecha de sufrimientos que de victorias, más de naufragios que de trofeos.

Imagen de Jorge Sánchez de N
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08 de Enero, 2012 03:01

8 de diciembre del 2011. Anochece. Del cielo cae una fría garúa, y la Casablanca luce repleta de banderas blancas. Liga Deportiva Universitaria de Quito jugará en breves momentos su quinta final internacional, luego de levantar la Libertadores 2008, la Sudamericana 2009 y las Recopas 2009 y 2010. Es uno de los mejores clubes del continente, una camiseta que sus hinchas llevan con orgullo y adoración.

A las 18:45 hrs., en los túneles de acceso a la gradería norte del estadio, un puñado de hinchas de la Universidad de Chile se prepara para la gran fiesta. Beben Pilsener –alegremente–, forman un semicírculo y entonan los cánticos del equipo de sus amores, por el cual se han desvelado en cientos de jornadas. Son “Los de Abajo”, los capos de la barra, quienes restando 15 minutos para el silbido inicial del árbitro, hacen su ingreso al sector azul.   

El sector azul, conformado por otros 4 mil “chunchos” (en su mayoría chilenos y chilenas que vienen siguiendo hace décadas a la “U” –incluso en los potreros–), estalla en emoción cuando se comienza a oír el bombo de “Los de Abajo”, tal como se escucha en la gradería sur del Estadio Nacional, casi como un compás de guerra. A nuestros ojos la Casa Blanca enmudeció, pese a que “La Muerte Blanca”, la hinchada liguista, continuaba arengando a su propia “U” con enormes muestras de fervor popular.   

Y el gallo cantó la hora definitiva, 7:15 de la noche. El “Romántico Viajero” sale a disputar su primera final internacional. Sale a romper su larga historia, su historia más hecha de sufrimientos que de victorias, más de naufragios que de trofeos. Los “leones” recorren y olfatean el césped húmedo de la cancha, saludan a su incondicional hinchada con un respetuoso ademán, y se juramentan ganar cueste lo que cueste. Es un partido de vida o muerte.     

Tras el humo de las antorchas blancas, azules y rojas, la esférica comienza a rodar. De un lado, atacando de norte a sur, Liga de Quito. Del otro, atacando de sur a norte, Universidad de Chile. Fuerzas parejas, por cierto: la “U” ecuatoriana tiene oficio, categoría y experiencia en estas lides; la “U” chilena tiene hambre de gloria y un juego colectivo que bordea la perfección.

Minuto 43 del primer tiempo. Eduardo Vargas se fuga como un rayo en la zona de riesgo. Sobre la marcha recibe un preciso pase de Díaz, elude al excelente y plástico guardameta ecuatoriano –Alexander Domínguez–, desparrama en el suelo al defensor Araujo, y con el arco a piacere deposita la esférica en las redes, motivando un grito de gol que jamás olvidaremos. Nosotros estábamos ahí, a unos pocos metros del acontecimiento futbolístico más importante de nuestras vidas bullangueras, en el momento justo en que Vargas, el nuevo ídolo azul, rompió la historia que no pudieron romper Leonel Sánchez o Marcelo Salas, ni los tantos otros “leones” que mojaron con sudor y sangre  la tricota de la “U”.

1-0. Así concluyeron los primeros 45 minutos, y el espectáculo era total, mágico y redondo como la de cuero, entre el marcador electrónico y las canciones que brotaban de nuestros pechos: “Porque-te-quiero-tanto-te-vine-a-ver, porque-te-quiero-tanto-te-vine-a-alentaaar, sale-Bulla, tú-eres-mi-pasioooón, te-llevo-dentro-de-mi-corazooooón…”.    

En el entretiempo, algunos desadaptados de la barra rival empezaron a lanzar objetos contra la nuestra, generándose un intercambio de botellas, petardos y frutas que prontamente se disolvió. Nada podía empañar el sentimiento que cobijaban aquellas horas.  

Segundo tiempo. Liga de Quito sale a presionar, intenta por todos los medios el gol del empate, pero el “Romántico Viajero” también presiona y busca sentenciar el encuentro. Los minutos pasan. El “Pirata” Barcos, la principal arma ofensiva de los anfitriones, no puede girar, es anulado por la aplicadísima defensa de los visitantes. Ezequiel González, Ambrossi y Reasco, lo mismo. Hidalgo es un toro incansable en el medio, pero su trabajo resulta infructuoso ante el aceitado engranaje que constituyen Díaz, Aránguiz, Rodríguez y Mena, y las geniales escapadas de Vargas y Canales en delantera.   

Sampaoli, de uniforme azul, se pasea frenéticamente de aquí para allá dando instrucciones, cual “león” enjaulado. Sus pupilos realizan con destreza lo que él les exige desde fuera de la cancha. Y Bauza en humilde rictus, cargando la impotencia de un rival mucho más que digno, de un adversario que no destiñó la noche más azul de todas.        

Fin del partido. 1-0. Los “leones”, entre ellos el invencible arquero Johnny Herrera, el capitán “Pepe” Rojas y el ya viejo ídolo Diego Rivarola, se despiden de su público con un más que respetuoso ademán, y se van a camarines con la profunda satisfacción de haber logrado un triunfo que permanecerá por siempre en la memoria de la institución. Ahora deben concentrarse para la definición en Santiago, no sólo de la Sudamericana 2011, sino también del torneo nacional.

“Seeeeer-un-romántico-viajeroooo-y-el-sendero-continuaaaaar, iiiiiiiiir-más-allá-del-horizonteeee, do-remonta-la-verdaaaaaaad, y-en-desnudo-de-mujeeeeer-contemplar-la-realidaaaaaaaaaaaaad, brindemos-camaradas-por-la-Universidad, en-ánforas-azules-de-cálida-emoción, brindemos-por-la vidaaa-fecunda-de-ideaaaaal…”.

El himno se escucha de Quito a Magallanes, desde Guápulo a Lastarria. Un pueblo celebra, el otro mastica la derrota con pundonor, perdiéndose en los laberintos de la ciudad.

Y yo, entre los dos pueblos, chileno residente en Ecuador hace menos de un año, recién casado este memorable 8 de diciembre con una hermosa quiteña, quien está en la gradería del frente (de blanco) alentando a su equipo; acompañado en el tablón por mi hermana y  por mis mejores amigos, quienes llegaron de sorpresa el día anterior para mi cumpleaños N° 28… Y yo, por una magistral jugada del destino, soñando despierto el inolvidable sueño azul del “Romántico Viajero”. 

FOTO: http://www.anfp.cl/

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