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Poema: Ausencia

Al pasado le ruego me devuelva el amor
de aquellas tardes en que el río caía
de los Andes –de las Ánimas al Cajón–,
cuando las nueces crujían
y los leños ardían…
Ardían de nuestro amor.
¡Qué sincera amistad, que entrañable compañía!
La de aquellos deshojados días
sin límites ni tiempo;
besábanse las piedras a nuestro paso,
rehuían los pájaros al silencio,
la tierra nos mecía en su regazo.
El temple de un alma en otoño clama presencias:
la de él que la amaba a ella,
la de ella que lo amaba a él,
la de ellos que libres jugaban
bajo noches de pupilas y luciérnagas.
Tal es nuestro amor;
tal es nuestra ausencia.
FOTO: gentileza de Pamela Navarrete.

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