Cortar o no las ramas del árbol

Cortar o no las ramas del árbol

13 Enero 2011
Urge que la humanidad reconozca un hecho: atacar el medioambiente por factores económicos es igual a poner en peligro la supervivencia de nuestra propia especie. Por Verónica Zamorano.
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A medida que pasa el tiempo y observamos determinadas situaciones, reflexionamos sobre la situación medioambiental en el mundo y particularmente en nuestra región, y nos preguntamos qué dirían los grandes descubridores de América, África y las rutas hacia el Oriente, si vieran cómo el hombre a través de los siglos ha ido deteriorando y acelerando la destrucción de su propio hábitat, cambiando las condiciones climáticas y provocando daños irreparables en la biodiversidad. De seguro quedarían desolados preguntándose qué pasó con los espesos bosques, con el aire, con la flora y fauna, con el hombre y su respeto por la madre tierra.
En 1992 el mundo se sorprendía cuando los naturistas informaban que cada día se extinguía una especie; diez años más tarde nos recogimos cuando los expertos aseguraban que por cada hora desaparecían tres. Sin embargo, muy pocos aceptan detenerse y tomar el camino de la prevención, como ocurre con las grandes potencias, Estados Unidos y China, que son los mayores emisores de gases de efecto invernadero en el planeta y que son los que no muestran una voluntad política para proponer acciones de coordinación para revertir la situación. Por el contrario, persiste la tala desmesurada de bosques, la emisión de gases contaminantes y la paulatina destrucción de la capa de ozono.
Si bien es cierto se entiende que habría un impacto económico a nivel interno si estas potencias económicas tan gravitantes para el planeta dejaran de producir, no menos cierto es que habría que poner en la balanza el tema financiero y la supervivencia de la tierra.
La ciencia tiene una clara visión de que el futuro medioambiental del mundo se encuentra en peligro y de que hoy no podríamos referirnos a las sequias por falta de agua, a las precipitaciones en lugares en los que antes no llovía y a los fríos extremos o a los calurosos veranos, como fenómenos “naturales”, sino que como fenómenos humanos ¿Por qué? Sencillamente porque es la mano del hombre la que acompaña estos cambios.
Para el Departamento de Género y Derechos Humanos de la CUT-Provincial, el tema medioambiental es tan grave que para muchos el impacto del hombre sobre el medioambiente es sólo comparable con una hecatombe, con un atentado a la casa de todos, con un modelo irracional de vida impuesto por el dinero, en el cual no se tiene conciencia ecológica alguna.
Por lo tanto urge que la humanidad reconozca un hecho: atacar el medioambiente por factores económicos es igual a poner en peligro la supervivencia de nuestra propia especie. Urge que el mundo y particularmente nuestro Estado resguarde los intereses medioambientales de todos, estableciendo políticas de protección en armonía con el desarrollo sustentable, evitando la sobreexplotación de los recursos naturales; la tala indiscriminada de bosques; la alteración de los cauces de los ríos y la contaminación de las aguas.
Urge colocar diferentes niveles de financiamiento para llevar adelante programas de recuperación ambiental, encaminados a reducir la degradación del entorno mediante dos vertientes fundamentales: el uso racional de los recursos por parte de la sociedad en su conjunto y la educación medioambiental entre la población.

Usted puede, aunque no debe, cortar la rama del árbol sobre la que está sentado. Las consecuencias de poner en peligro nuestro hábitat son suyas, son mías, son del mundo.
FOTO: Atonau